Vatican News, por Isabella Piro: ¿Cómo puede la humanidad responder, desde una perspectiva cristiana, a la «crisis ecológica y social» en la que ha caído, una crisis que es «miope y suicida»? Esta es la pregunta central del nuevo documento de la Comisión Teológica Internacional (CTI), titulado «El cuidado de nuestra casa común: una respuesta responsable y fraterna al Dios Trino». Publicado hoy, 2 de septiembre, con la autorización del Papa, el texto es fruto de las reflexiones realizadas entre 2022 y 2025.
El punto de partida es la «triple transformación» que, a lo largo de los años, ha conducido a la pérdida de la percepción espontánea de la naturaleza como creación de Dios; al surgimiento de una visión cada vez más antropocéntrica y depredadora en la relación entre la humanidad y la Creación; y a la propagación de una crisis planetaria.
Nadie es una isla; todo está conectado
El documento se divide en tres capítulos. El primero, «La casa común, obra del Dios Trino», subraya la «huella no solo de Dios, sino de la Trinidad» en la Creación. Este aspecto se explora a través de las enseñanzas de cuatro Doctores de la Iglesia: Agustín de Hipona, Hildegarda de Bingen, Buenaventura de Bagnoregio y Tomás de Aquino.
Esta huella trinitaria posee rasgos de sacramentalidad —es decir, es signo de «una realidad sagrada y oculta» que encuentra su «máxima elevación» en la Eucaristía— y de interrelación, ya que los seres humanos responden a su vocación desarrollando correctamente sus relaciones con Dios, con los demás y con la Creación.
Esto implica, destaca la CTI, practicar la «gratuidad filial hacia Dios», la «solidaridad y misericordia hacia el prójimo» y el «cuidado de la casa común». Se trata de una cuestión de equilibrio: «Nada ni nadie es una mónada», afirma el documento. «Todo está interrelacionado» para formar «una única comunidad de vida». El origen del universo según la ciencia y la fe
El primer capítulo también entabla un diálogo con algunas perspectivas científicas y filosóficas sobre el cosmos —como el inmanentismo, el panteísmo y el sobrenaturalismo—, mostrando cómo la fe en Dios Creador ofrece algo que la ciencia no puede proporcionar, aun cuando esta investiga «legítimamente» las etapas más tempranas del universo.
Mientras que la cosmología reflexiona sobre cómo surgió el mundo, la fe explica el porqué: Dios otorga al universo un origen metafísico, no meramente físico, y llama libremente a la existencia a aquello que no existiría por sí mismo.
El principio del sábado
El segundo capítulo, «El ser humano en la Casa Común», se abre con una reflexión sobre el ser humano creado a «imagen y semejanza de Dios», lo que permite reafirmar que las diferencias —de etnia, género, cultura o condición social o económica— no implican en absoluto una jerarquía. Utilizarlas para discriminar o someter a otro se aleja del plan de Dios.
A continuación, el documento subraya la importancia del «principio del sábado», que permite a la Tierra descansar un día a la semana respetando sus ritmos originales, y a la humanidad dar gracias al Señor mediante la oración.
Este principio enseña también a las personas a «adoptar una mirada desinteresada, libre del afán de poseer, dominar o agredir».
Llamamiento a la conversión ecológica
La Comisión Teológica Internacional resume luego algunos «datos muy alarmantes sobre el deterioro ecológico»: la pérdida de biodiversidad, que «no es un lujo exótico» sino «un factor clave» para la seguridad alimentaria; la contaminación atmosférica; el deterioro de la calidad del agua; la guerra, que acelera «brutalmente» la destrucción del medio ambiente; y las repercusiones «extremadamente graves» de todo ello para los más pobres, cuyos recursos naturales son explotados y que se ven obligados a emigrar.
De ahí el firme llamamiento de la Comisión: ante una crisis ecológica «sin precedentes», no solo se necesitan soluciones científicas y técnicas —como cambios sustanciales en los sistemas de producción, consumo, transporte y uso de energía—, sino también, y sobre todo, «un cambio en los valores culturales», una auténtica conversión ecológica en el modo de vida de las personas.
Pecado contra la Creación y contra el Creador
En este sentido, el documento propone hablar de «pecado contra la Creación y contra el Creador», una formulación teológica que vincula el daño ambiental con el rechazo del plan de Dios para la creación, evitando tanto el lenguaje puramente científico, como el término «ecocidio», como la dilución de la responsabilidad.
El momento histórico actual, de hecho, «exige a todos, empezando por los responsables de la vida pública, que actúen con urgencia en favor de la sostenibilidad del planeta y de la habitabilidad de la Casa Común. No se trata solo de una exigencia ética, sino también teológica».
La Eucaristía, «escuela ecológica»
La perspectiva de la fe conduce también al rechazo de «dos extremos inaceptables»: el antropocentrismo depredador, que considera a la humanidad como el «dueño absoluto de toda la creación», y el biocentrismo o ecocentrismo, que absolutiza la naturaleza.
La propuesta cristiana es, en cambio, la de un «antropocentrismo situado» —expresión del Papa Francisco retomada del Papa León XIV— que sitúa a los seres humanos como «administradores y servidores de la Creación»: están llamados tanto a cuidar responsablemente de la Casa Común, de acuerdo con «la voluntad y los intereses legítimos del dueño», que es Dios, como a cooperar con el plan divino mediante un «servicio generoso».
Esta doble vocación encuentra su culminación en la Eucaristía, una «escuela ecológica» a través de la cual se promueve «una actitud positiva y proactiva hacia la naturaleza», es decir, alejada de enfoques utilitaristas o defensivos nacidos del miedo.
La lógica jubilar y la espiritualidad ecológica
El tercer capítulo, «El cuidado de la Casa Común», ofrece algunas orientaciones prácticas, organizadas en torno a cinco relaciones fundamentales de la persona.
De la relación con Dios surge la «lógica jubilar»: basada en la fraternidad y la solidaridad —que «ponen un límite infranqueable a la codicia en el uso de la Tierra»—, así como en la gratuidad y la humildad de quienes «no ceden al impulso de apropiarse de todo», esta lógica conduce a la justicia social.
De la relación con uno mismo surge «una espiritualidad ecológica»: frente al actual paradigma tecnocrático, que impone ritmos frenéticos al trabajo y a la vida personal, familiar, social y religiosa, esta espiritualidad se inspira en el *ora et labora* benedictino para fomentar un estilo de vida sano, atento y responsable, incluso en el consumo («todo acto de compra es un acto moral»).
El clamor de la Tierra y de los pobres
De la relación con la Creación surgen principios como la reverencia; la sostenibilidad («un criterio indispensable que debe regular el sistema de vida y el modelo económico que lo sustenta»); la escucha del «clamor desgarrador» de la Tierra, «trágicamente vinculado al clamor de los pobres», que son quienes más sufren «las consecuencias del maltrato al planeta»; y el respeto a la vida, que permite a los seres humanos utilizar los recursos naturales según la necesidad y la moderación, en lugar de mediante una explotación indiscriminada; el ascetismo y el ayuno, una respuesta moral a la sobreexplotación de los recursos, especialmente en los países ricos; y un compromiso diferenciado según las responsabilidades de las distintas naciones.
El carácter sagrado de la vida humana y el rechazo de la guerra.
Asimismo, de la relación con el prójimo surgen: el carácter sagrado de la vida humana —un derecho incondicional e inalienable que los Estados deben proteger y promover, incluso mediante el rechazo de la guerra—; el destino universal de los bienes —según la tradición cristiana, «la propiedad privada no es un derecho absoluto» y, por tanto, la Casa Común debe cuidarse también en beneficio de las generaciones futuras—; la fraternidad, antídoto contra la violencia, la injusticia y un individualismo «falso, egoísta, atroz y codicioso»; la misericordia, pues sin amor la vida humana se aleja de Dios y se vuelve infrahumana; y la opción preferencial por los pobres, cada vez más expuestos a la degradación ambiental y más privados de recursos para mitigar sus efectos.
Cooperación interreligiosa
Como quinta y última relación, la Comisión Teológica Internacional reflexiona sobre la contribución al cuidado de la Creación que ofrecen las diversas religiones: el judaísmo, el islam, el hinduismo, el budismo, el confucianismo, las religiones africanas y las religiones indígenas de América y Oceanía.
Se presta especial atención a los elementos que tienen en común: la interconexión de todo lo que existe, el deber de respetar a todos los seres vivos y la responsabilidad humana.
Por consiguiente, «desde la perspectiva de la fe cristiana, las puertas están abiertas a la cooperación interreligiosa en la tarea común de cuidar respetuosamente toda la Creación, al servicio del florecimiento de la vida y de la comunión con el Trascendente, que es el origen y el fundamento de toda vida».
Responsabilidad moral
En la conclusión del documento, la Comisión reafirma que la cuestión ecológica es, en última instancia, una cuestión teológica: el modo en que se cuida la Creación revela y configura nuestra relación con Dios mismo.
La libertad y la responsabilidad moral siguen siendo el fundamento indispensable de todo compromiso ecológico auténtico.
El texto hace, pues, un llamamiento a un «giro ecológico» que sea a la vez cultural y espiritual —siguiendo el ejemplo de San Francisco de Asís— y concluye con una nota de esperanza: por grave que sea la crisis medioambiental, no socava la confianza en Dios, que hace «nuevas todas las cosas».
Conexión Profética:
“El papado es precisamente lo que la profecía declaró que sería: la apostasía de los postreros días. (2 Tesalonicenses 2:3, 4.) Forma parte de su política asumir el carácter que le permita realizar mejor sus fines; pero bajo la apariencia variable del camaleón oculta el mismo veneno de la serpiente.” El Conflicto de los Siglos, pág. 628.


Comments
William+Stroud
03 de octubre de 2026 at 00:38 12Sat, 03 Oct 2026 00:38:10 +000010.There are parts of this document, «Caring For Our Common Home» that sound reasonable and good but there are also some things that sound like they want to implement mandatory requirements for every human being that will be decreed by one central authority and likely punishment for those who disagree or «disobey». And it seems like the Catholic system is the one who wants to be the authority. For me, I have one supreme authority and that is Jesus Christ. His instructions to humanity are found in the Bible. I’m not in need of some human authority, in fact God says in His word, the Bible, that it is a cursed thing to trust in man (Jeremiah 17:5-8) and that we are to trust in God. Included in this document put forth, primarily by the Catholic church, is a section regarding the Sabbath. The 7th day is the Sabbath of the Lord our God. Not the 1st day of the week as proposed by Catholicism. Jesus is coming soon and we need to share His truth, including the Sabbath truth, with all who will listen while there is still time. Blessings to all.