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Eliseo y la Sunamita

By Pastor Hal Mayer

Queridos amigos:

Bienvenidos al Ministerio Guardad la Fe. Gracias por estar nuevamente con nosotros hoy para estudiar un tema inspirador que nos va a animar a ser médicos misioneros. La maravillosa relación entre Eliseo y la mujer Sunamita es un gran ejemplo. Y la manera en que Eliseo la bendijo también es un poderoso testimonio de un Dios de amor que cuida y vela por sus hijos. Estoy agradecido de poder traerles mensajes importantes todos los meses, los cuales los van a ayudar a prepararse para la venida de Cristo. Espero que el mensaje de hoy los inspire con cosas prácticas que ustedes pueden hacer al ministrar para el Señor en estos últimos días.

Al comenzar nuestro estudio de hoy, por favor inclinemos nuestras cabezas para tener una palabra de oración. Querido Padre celestial, hoy invitamos a tu Espíritu Santo para que nos hable mientras estudiamos juntos una historia muy importante del Antiguo Testamento. Estamos muy agradecidos por la Biblia, la cual nos provee una guía en estos últimos días. Estamos viendo tantas cosas que están cumpliendo la profecía bíblica, y queremos saber cómo vivir y cómo ministrar las cosas en este mundo de caos y de confusión. Por ello es que rogamos Tu presencia al abrir las Santas Escrituras, en el nombre de Jesús, amén.

Al estudiar la vida de Eliseo, veamos el siguiente proyecto médico misionero de Eliseo. Se encuentra en 2ª Reyes 4:8. Esto muestra la importancia de las relaciones en la obra médico misionera. Cuando ustedes bendicen a otros, las bendiciones vuelven a ustedes. Y de hecho, fluyen en ambos sentidos. Y este es el gran espíritu de dar. Cuando ustedes dan, pueden recibir. Y es vitalmente importante que entendamos esto en los últimos días, porque cuando ustedes no puedan comprar ni vender, el plan de Dios es que los miembros de la iglesia sean médicos misioneros, para el bien de su propia sobrevivencia y para la salvación de las almas. Leamos el versículo 8.

“Un día Eliseo pasaba por Sunem. Y una distinguida señora, lo invitó con insistencia a comer. Y cada vez que pasaba por allí se quedaba en su casa a comer”.

Sunem quedaba en el camino de la región donde Eliseo andaba a menudo. Era de la tribu de Isacar. El nombre Sunem significa “dos lugares de pruebas”. Cuán adecuado era ese lugar para que el profeta de Dios descansara. Eliseo podía detenerse allí en su caminar desde y hacia la escuela del Monte Carmelo o en sus visitas a los diversos pueblos y villas en la región donde él trabajaba para la restauración de la verdadera adoración a Dios. Él tenía sus circuitos y sus lugares donde tenía que ir, los cuales requerían su atención personal, y Sunem estaba en un lugar donde él pasaba a menudo.

Sunem también quedaba en el cruce de una región rica y fértil en granos, y proveía los recursos para hacer buenos negocios en agricultura. El transporte desde allí era fácil y era un centro regional de negocios que ofrecía apoyo a aquellos que vivían allí. Estaba idealmente situada.

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Esta gran mujer era una mujer rica e influyente. Poseía conexiones y era altamente respetada en Sunem. La reputación de su marido fue beneficiada por su carácter y por su espíritu de servicio. Ella a menudo atendía a los viajeros y a los extranjeros que pasaban por su hogar, y también a los contactos comerciales de su marido. Esta familia Sunamita poseía tierras y casi un estado con los empleados y sirvientes. Sus negocios se beneficiaban por la excelente calidad del campo para la agricultura en el área alrededor de Sunem. Tal vez poseían viñas y huertos y también campos de granos. Probablemente vendían sus productos a los pueblos vecinos, tales como Nain y Jezreel, y también en los mercados de Sunem. Esta “gran mujer”, tal como la llama la Biblia, mantenía una buena casa y tenía un gran corazón. Y por lo tanto ese era un lugar muy ocupado la mayor parte del tiempo.

Eliseo era un viajero frecuente. Parecía estar siempre moviéndose de un lugar a otro. Cuando esta mujer Sunamita vio pasar a Eliseo un par de veces, decidió invitarlo, como era su costumbre, para que fuese el huésped de su hospitalidad. Aun cuando era famoso, Eliseo era un hombre humilde, y como no tenía una esposa a su lado, él sabía que no era un invitado de la alta sociedad. Así que, dudaba en asociarse con la clase más acomodada. Además, él era renuente a ser un problema para cualquiera.

Al comienzo él declinó la oferta. Pero ella persistió. Ella insistió a que se sentara a su mesa, y finalmente, con gran dificultad, convenció al profeta del Señor a que fuera a cenar a su hogar. Esto forjó un lazo entre ellos, y tuvo como resultado que ella lo alimentó a menudo, porque las rutas de Eliseo hacia y desde las escuelas de los profetas en el Monte Carmelo, Gilgal y Jericó, sus visitas a Jezreel, juntamente con otros lugares adonde él iba, lo hacían pasar por ahí frecuentemente. Obviamente, era una buena cocinera, y sin duda Eliseo, que no estaba casado, disfrutaba mucho de eso. Aun cuando él vivía en Samaria, no tenía ningún lugar al cual pudiese llamar su “hogar”, que fuera un hogar calentito, y una esposa amante que atendiera sus necesidades. Así, él hizo un hábito, sin duda, de hacer que en sus viajes pudiera detenerse allí y poder comer con esta mujer y su esposo, mientras se dirigía a algún otro lugar.

Esto me recuerda a Jesús y su hogar adoptivo en Betania con María, Marta y Lázaro. Él iba a menudo allí para descansar de sus incesantes labores y viajes, y encontraba confort, paz y tranquilidad, y también una buena comida y una buena cama.

Yo conozco algo acerca de los rigores de viajar. No es fácil. De hecho, existen inconveniencias y dificultades regulares en el camino. Aunque hace mucho tiempo ya que perdió su glamour, aun tengo que viajar en el transcurso de mi ministerio, similar a lo de Eliseo. Pero existen algunos lugares en el mundo donde yo sé que voy a encontrar una buena comida, con algo de mis comidas favoritas, y una cama confortable para dormir y una ducha caliente, más el bono adicional de la amistad de una mujer piadosa que le gusta extender su hospitalidad. Sus maridos a menudo me van a buscar al aeropuerto y me llevan a su hogar. Yo conozco a personas así en lugares como Australia, Inglaterra, Europa, Escandinavia, y en los Estados Unidos. Cada lugar posee su propia amistad, aromas, sabores, cultura y estilo. Pero todos son lugares donde yo sé que puedo encontrar descanso, fortaleza y ánimo en mi trabajo. A menudo, cuando permanezco en el hogar de buenos amigos, soy reconfortado por su amistad, y su comunión es realmente muy especial. Esto es lo que sucedía entre Eliseo y esta mujer de Sunem. Tal vez ustedes han experimentado también ese tipo de amistad. La cálida bienvenida y la cariñosa hospitalidad sin la intervención de agendas personales o por el respeto a las personas es el tipo de hospitalidad que siempre es recibida con gratitud.

Eliseo hacía amigos fácilmente adonde quiera que fuese, así que esta familia sin hijos, se convirtieron en sus mejores amigos. Tengan en mente que el estado espiritual de Israel aun era bastante malo. Solo habían pasado unos pocos años desde la confrontación en el Monte Carmelo, y Dios tenía mucho trabajo para hacer al llevar a Israel a seguir los caminos de Dios nuevamente. Dios estaba usando a Eliseo para que hiciera este trabajo, pero eso no iba a suceder de un día para otro. Pero aun en estas condiciones, Eliseo hizo muchos amigos.

La mujer Sunamita entendió que Eliseo venía más a menudo a su hogar. Ella sintió que Eliseo era un hombre santo, un profeta de Dios. Ella estaba tan agradecida con sus visitas, y ella deseaba tanto tenerlo en su hogar, que quiso hacer más por él.

Y mientras consideraba esto, pensó, que le podría traer una gran bendición del Señor si le abría su hogar a Su profeta más ampliamente. Pero ella no tenía un “cuarto para el profeta”, un lugar apropiado para él para que duerma y estudie. Ella probablemente entendió que su hogar no era adecuado para su privacidad o para que el fatigado sirviente del Señor tuviera un descanso tranquilo. Después de todo, sin duda que había personas viniendo y yendo todo el tiempo, ya sean empleados, visitantes, o contactos comerciales y muchas otras actividades. Ella sabía que Eliseo necesitaría un lugar privado que pudiera llamarlo su lugar y donde pudiese orar y estudiar, y contemplar las cosas de Dios y las cosas que tenía que ser hechas en Israel. Él también tenía que preparar materiales para su obra con las escuelas de los profetas. Su hogar era solo de un piso, y no poseía comodidades que pudiesen satisfacer las necesidades de ese hombre de Dios.

Así que ella pensó que si organizaba un lugar para él, Eliseo se quedaría más tiempo, y como resultado su hogar y los negocios de su esposo serían bendecidos y prosperados por amor a él, y todos los que llegasen a estar bajo su techo serían edificados por sus piadosas instrucciones y ejemplo.

Pero esta mujer era sabia y no gastaría dinero para construir, o para traerlo dentro del hogar sin el consentimiento de su esposo. Después de todo, él era la cabeza de su hogar y ella lo amaba, y quería su aprobación. Así que, ella habló con su esposo.

Versículo 9: “Ella dijo a su esposo: ‘Veo que este hombre que siempre pasa por nuestra casa, es un santo varón de Dios’”.

Esta mujer dijo esto para sugerir que sus hospitalidades serían bien recompensadas. Tal vez ella escuchó acerca de la mujer de Sarepta y de su buena hospitalidad para con Elías, el predecesor de Eliseo, y cómo fue recompensada. Si existía alguna bendición al hacer esto, ella la quería.

Amigos, si se nos da la oportunidad de ser bendecidos, es importante que vayamos tras eso. Ya sea si es una iglesia, una reunión de oración, una adoración en familia, o cualquier bendición espiritual que sea colocada en nuestro camino o dentro de nuestras oportunidades de poder obtener una bendición, tenemos que aprovechar esa oportunidad. A menudo nos encontramos demasiado ocupados y la bendición pasa de largo sin ser vista. Mis amigos, saquen ventaja de toda oportunidad de ser bendecidos por el Señor. Si ustedes le pertenecen a Cristo, Él desea bendecirlos y darles muchas oportunidades para obtener esa bendición.

Obviamente, el ánimo y la compañía en el hogar de esta mujer iban en ambos sentidos. Cuando Eliseo visitaba este hogar, les traía a esta mujer y a su marido ánimo espiritual, instrucción y sabiduría. Tal vez ustedes sepan cómo es eso. Cuando están en la presencia de alguien que tiene el Espíritu de Dios en él, pueden sentirlo. Ustedes son refrescados por esa persona. Son animados, y es un contraste tan marcado con respecto a las personas normales, que ustedes lo sienten. Se sienten bendecidos al estar en su presencia. Oh, ¡yo conozco a algunas personas así!

Yo quiero ser ese tipo de personas, ¿y ustedes? Yo quiero ser una persona tal que las personas sientan la presencia especial del Espíritu Santo. Yo quiero vivir en la presencia de Dios de tal manera que mis palabras y acciones sean sazonadas por Su gracia. De esa manera todos los que estén conmigo serán bendecidos solo por el hecho de estar juntos. Eso es lo que Dios intenta hacer con la última generación. Recientemente, yo les mostré Isaías 60 donde dice que va a haber gruesas tinieblas en el mundo en los últimos días. Ya estamos en eso ahora, ¿no es verdad? Al mismo tiempo, el Espíritu Santo de Dios será derramado sobre Su pueblo, y la atención de aquellos que están en tinieblas será dirigida a él. Esto toma tiempo, mis amigos, para desarrollar el Espíritu de Dios en sus almas, de tal manera que puedan ser ese tipo de personas. No puede ser hecho de un día para otro.

Así que, la mujer le hizo una sugerencia a su esposo, que les pareció razonable a ambos. Versículo 10. “Te ruego que hagas una pequeña cámara de paredes. Y pongamos en ella cama y mesa, silla y candelero, para que cuando venga, se hospede en ella”.

La pieza tendría una escalerita, y aun cuando iba a ser pequeña, sería adecuada para el profeta y para su siervo Giezi. No sería construida a un gran costo, pero tendría muebles adecuados para la obra y el confort del profeta.

Así, ellos hicieron una pequeña pieza para Eliseo. Puedo imaginar al marido trayendo a algunos constructores para levantar las paredes con una puerta y con una o dos ventanas. Ellos impermeabilizaron las paredes por dentro y por fuera. Adentro pusieron la cama, la mesa, la silla y el candelero. Era un pequeño lugar muy agradable.

Y cada vez que pasase, podría detenerse para comer y descansar tranquilamente en su cuarto. El versículo 11 dice: “Un día vino Eliseo, se hospedó en aquella cámara y durmió en ella”.

¿Pueden imaginarse a la mujer llevando ansiosamente a Eliseo a su pequeño cuarto por primera vez? Qué sorpresa debe haber sido para Eliseo. Él no sabía nada al respecto. Pero ahora, he aquí que había un pequeño lugar donde podía dormir y refrescarse después de muchos días o semanas de caminatas por allí y por allá. Él conocía las pesadas cargas de un ministro de tiempo completo. Él estaba ocupado enseñando en las escuelas de los profetas. Estaba aconsejando a los líderes de las escuelas, a las familias de los hijos de los profetas, y también a los líderes regionales y nacionales, y a una hueste de otras personas. Estaba constantemente viajando. No es una vida muy envidiable, mis amigos. Pero ahora, Eliseo tenía un lugar donde podía detenerse durante la noche o aun durante unos pocos días para relajarse y para estudiar. Eso es algo muy necesario y apreciado por cualquier viajero siervo del Señor. Es una tremenda bendición para el predicador itinerante. Eliseo parecía estar muy agradecido con esto e hizo de este pequeño cuarto su hogar especial.

Mientras Eliseo era así bendecido a través del cariño de esta mujer, decidió que tenía que hacer algo por ella y por su agradecido corazón. Aquellos que reciben cariñosas cortesías debieran pensar cómo devolverlas. Esto está en armonía con el espíritu de Dios. Y este espíritu dador es cíclico y se repite una y otra vez entre los hijos de Dios una y otra vez. El mismo Jesús dijo en Lucas 6:38. “Dad, y se os dará. Os darán una medida buena, apretada, remecida y rebosante. Porque con la medida con que medís, os volverán a medir”.

Este espíritu de dar es un don celestial. El egoísmo nunca beneficia a nadie, especialmente a aquel que es egoísta. Pero cuando damos, trae una bendición inmediata para nosotros en la satisfacción de ayudar a otro, ya sea amigo o extranjero, pero aun trae otra bendición más tarde, cuando ese don nos es devuelto de alguna manera por alguna bendición del Señor.

El amoroso cuidado de la Sunamita constriñó a Eliseo. Él estaba muy agradecido por el tranquilo departamento que ella y su esposo le habían hecho. Y su corazón deseaba hacer algo en favor de ellos. Eliseo le dijo a ella cuán agradecido estaba por su hospitalidad y por lo que había hecho por él. Después de todo, ningún hombre de Dios puede ser ingrato con aquellos que le son generosos.

Versículos 12-13. “Entonces dijo a Giezi su criado: ‘Llama a la sunamita’. Cuando la llamó, ella vino. Y él dijo a Giezi: ‘Pregúntale: Tú has estado solícita por nosotros con todo esmero. ¿Qué quieres que haga por ti? ¿Necesitas que hable por ti al rey o al general del ejército?’ Ella respondió: ‘Yo estoy bien en medio de mi pueblo’”.

Eliseo magnificó su cariño a través de sus palabras, como alguien que es humilde está acostumbrado a hacer. Para ella, rica como era, cualquier cosa que hiciese por él era como si no hubiese hecho nada. Ese pequeño cuarto le costó a ella y a su esposo muy poco comparado con lo que poseían. Pero ella lo hizo para él por amor a Dios y al profeta.

Eliseo, por otro lado, tal vez no pensó que mereciera su cariño, pero aun así estaba muy agradecido a ella. Él le ofreció usar su influencia con el rey o con el capitán de la guardia. Tal vez su esposo deseaba alguna importante posición civil o algún puesto militar. Después de todo, Eliseo estaba relacionado con esas personas. Tal vez ella tenía alguna necesidad que Eliseo podría resolver hablando con esos altos dignatarios. En otras palabras, le preguntó: “¿Cómo puedo serle útil?”.

Pero ella declinó su oferta y no hizo ninguna petición. “Yo vivo entre mi propio pueblo”, dijo ella. “Estamos bien así como estamos, y no tenemos ninguna necesidad de un trato preferencial”. Ella estaba contenta. Su esposo estaba contento en continuar con sus negocios. ¿Por qué aquellos que viven confortablemente entre su pueblo, deberían codiciar el vivir delicadamente en los palacios del rey? Llegaría el tiempo, más tarde, en que necesitaría hablarle al rey, pero no ahora. El contentamiento es un principio clave de la vida de una persona piadosa. Si ustedes están contentos, otros lo verán en su contentamiento. Si no están contentos, lo manifestarán de diferentes maneras de las cuales ustedes ni siquiera estarán sabiendo; pero se verá.

Eliseo no sería disuadido con la respuesta contenta de ella. Él estaba preparado para preguntarle a la corte celestial qué favor conseguirle a esta mujer, si así fuese necesario. Y esto sería bastamente mejor que cualquier cosa que pudiese hacer un rey terrenal. Así, en la privacidad de su cuarto, él habló con su siervo Giezi acerca de qué podrían hacer por esta mujer, que había hecho tanto por ellos. Versículo 14. “¿Qué haremos por ella? Giezi respondió: ‘Ella no tiene hijo, y su esposo es anciano’”.

Giezi había observado que ella no tenía un hijo propio. Y los hijos eran considerados como una bendición del Señor. Pero esta mujer no se quejó, no estaba descontenta. Parecía estar reconciliada con el hecho que en su vida no tendría hijos. Pero Giezi también reconoció que su esposo era anciano y que era muy poco probable que tuviera un hijo de él. El asunto era que, si Eliseo, como un favor de Dios, la bendijera con la promesa de un hijo, y si removiese lo que hasta ahora había sido un impedimento, su único dolor; eso sería un buen pago por su cariñosa hospitalidad. El no tener hijos era un reproche en el país de Israel en aquellos días. Pero esta, era una acción generosa que Eliseo podía hacer por ella, y que sería muy bienvenida y muy deseada para sus necesidades, y que curaría su pena.

Eliseo dijo: “Llámala”, versículo 15. “La llamó, y ella se paró a la puerta”.

La mujer era humilde y modesta y ese era su comportamiento normal. Ella no sabía qué esperar. Ella no entró en el cuarto. Hacerlo habría sido inmodesto para ella. Permaneció en la puerta.

Versículo 16. “El año que viene, por este tiempo abrazarás a un hijo”.

Esta promesa la tomó por sorpresa. ¿Cómo podría ser eso? Yo me estoy volviendo vieja, y mi esposo es anciano. ¿Cómo puede ser que venga a tener un hijo? Ella le rogó al profeta que no se burlara de ella.

El versículo 16 continúa: “No, señor mío, varón de Dios, no te burles de tu sierva”. Sea serio, no bromees conmigo, ni me engañes.

Pero Eliseo estaba hablando en serio. Y ella “concibió, y tuvo un hijo en aquel tiempo en que Eliseo le había dicho, de acuerdo con el tiempo de vida”. Esto le confirmó más que nunca que Eliseo era un hombre de Dios. Dios había construido su familia, así como ella le había construido una habitación al profeta.

Ella había recibido al profeta en su hogar y le extendió su hospitalidad. Ella no había aceptado la oferta de Eliseo sobre una recompensa real. Pero en vez de eso, recibió una recompensa del profeta, una señal de misericordia como respuesta a la oración.

Eliseo usó el mismo principio que Elías usó con la viuda de Sarepta. Ella le hizo a él primero, un pequeño pastel, pero Dios la bendijo abundantemente por sobre todo lo que ella pudiese pedir o pensar. Esta mujer primero bendijo al profeta, y ahora, Eliseo la bendijo por sobre todo lo que ella pudiese pedir o pensar. Podemos asumir que Eliseo fue doblemente bienvenido al hogar de la Sunamita. Ella nunca pudo hacer más por él que lo que él pudo hacer por ella, aun cuando al comienzo ella hizo mucho más por él, que lo que él jamás había hecho por ella. Este es el ciclo de dar y recibir. Estamos aquí en esta tierra, mis amigos, para beneficiarnos los unos con los otros. Estamos aquí para ser una bendición para los demás.

Y sin duda, que el niño fue muy querido por el profeta, el cual tal vez lo amó como si fuese su propio hijo. Él fue el hijo de sus sinceras oraciones, porque Eliseo era un hombre de oración y un hombre de fe poderosa, así como lo había sido Elías. El hijo también era muy querido por sus padres, porque era el hijo de su edad anciana. Él era su alegría y su regocijo. Él era el heredero de sus posesiones y ahora tenían un hijo al cual concederle las bendiciones espirituales de la familia, porque él era el hijo de los derechos de nacimiento.

Pasaron algunos años. Ahora esta historia se pone muy interesante. Sin duda que Eliseo vino muchas veces, y disfrutó al ver su hijo alrededor del hogar. Y a medida que el hijo crecía y desarrollaba más capacidades, él le daba tareas para que hiciera, para fortalecer sus fuerzas. Algunas de esas eran trabajar en el campo con los sirvientes de su padre. Todo niño Judío era enseñado a trabajar en labores prácticas, y este niño no era la excepción. Aun cuando no sabemos cuán adulto era, sí sabemos que era lo suficientemente adulto como para ayudar a su padre en el campo, pero no era lo suficientemente grande como para no sentarse en las rodillas de su madre. Leamos el versículo 18 y los siguientes.

“Cuando el niño creció, un día fue con su padre a ver a los segadores. Y dijo a su padre: ‘¡Ay, mi cabeza, mi cabeza!’ Él dijo a un criado: ‘Llévalo a su madre’”.

El sol calentaba en aquel día, y aparentemente el joven tuvo un golpe de calor o alguna otra crisis física. Su padre no sospechó ningún peligro real en la angustia de su hijo, sino que le pidió a uno de sus siervos que lo lleve a su madre, esperando que cuando llegara al hogar en aquella tarde, su hijo habría descansado, se habría refrescado y que estaría nuevamente bien. Pero eso no sucedió. Esta enfermedad, sea cual fuere, fue fatal. El muchacho estaba bien en la mañana y estaba muerto al mediodía. Todos los cuidados de su madre no pudieron mantenerlo vivo.

“El criado lo llevó a su madre, donde estuvo sobre sus rodillas hasta el mediodía, y murió”.

¡Qué tragedia! He aquí un joven que era el hijo de la promesa, que debería bendecirlos en su edad de vejez. Era el hijo de la oración, que debería recompensar a la Sunamita por su cariño hacia el profeta. Pero ahora estaba muerto.

¿Qué debería hacer esta mujer en su pena? Su primer pensamiento fue hacia Eliseo. Ciertamente, ella debe haber escuchado acerca del muchacho en Sarepta, cuando Elías lo levantó de la muerte a aquella mujer gentil. ¿No haría Dios lo mismo por ella en su angustia? Después de todo, una doble porción del espíritu de Elías descansaba sobre Eliseo. La fe se aferra de la mano de Dios, y en vez de hacer los preparativos para su entierro, ella hizo preparativos para su resurrección.

El versículo 21 nos dice que “Entonces ella subió, y lo puso sobre la cama del varón de Dios. Cerró la puerta, y salió”.

¡Qué fe, mis amigos! ¡Qué confianza en Dios! Esta mujer realmente creía que Dios iría a resucitar a su hijo de la muerte. Su hijo había sido levantado en su vientre, lo cual era tan bueno como la muerte. Así, ¿por qué no podría Dios traer a su hijo de vuelta a la vida? Y ella esperaba que el profeta Eliseo estuviera a su lado y que intercediera ante Dios en oración por el hijo. Esto es fe verdadera. Es la expectativa que Dios va a hacer lo que le pedimos, y que esté de acuerdo con su voluntad. Dios, que hizo una buena obra para ella al darle un hijo a través de la promesa del profeta, no la frustraría llevándole el hijo. Esta fue una prueba para su fe.

Y amigos, a menudo las pruebas de fe de la Providencia vienen de maneras que no las esperamos. Pero ganamos experiencia en las cosas de Dios al atravesar crisis y problemas. Esto templa y fortalece nuestra fe y madura nuestra experiencia con Dios. Aprendemos a confiar en Él en cuanto a los resultados. Este tipo de fe es el tipo de experiencia que Dios quiere que todos tengamos, especialmente en estos últimos días. Me emociono cuando pienso en eso. Podemos tener plena confianza que el Dios del cielo puede hacer por nosotros lo que necesitamos que sea hecho, si es que oramos y si es que confiamos plenamente en Su providencia. Esta Sunamita tenía plena confianza en la bondad de Dios, y estaba lista para creer que Aquel que se lo había llevado tan joven, y que Él se lo había dado, restauraría lo que ahora le había quitado. Hebreos 11:35 dice que por la fe, “mujeres recibieron a sus muertos resucitados nuevamente a la vida…”. Y ella ejercitó esa fe en las realidades invisibles.

La mujer Sunamita solo quería ir al hombre de Dios, a Eliseo. Pero no quería ir sin preguntárselo a su marido. Así que, “llamó luego a su esposo”, esto está en el versículo 22, “y le dijo: ‘Te ruego que envíes conmigo a uno de los criados y una de las asnas, para que yo vaya corriendo al varón de Dios, y vuelva’”. Ella no le quiso contar a su esposo acerca de la muerte de su hijo, para que su fe no fuese desanimada. Su esposo podría haberla disuadido de incomodar al profeta, así que ella no le mencionó qué había pasado con el hijo.

Su esposo, la cuestionó al comienzo. “¿Para qué vas a verlo hoy? No es luna nueva, ni sábado”. Ella respondió: ‘Todo estará bien’.

La mujer Sunamita asistía a las fiestas del Señor dondequiera que Eliseo predicara la palabra, para unirse en oración y alabanzas. Ella estaba acostumbrada a hacer esto. Así, le sorprendió que ella quisiera ir al profeta ahora, y tan rápidamente. “¿Pero por qué?” preguntó él. “¿Por qué vas a ir hoy?” Ella no le dio ninguna razón, pero le aseguró que todo estaría bien, lo cual quería decir, por ti mismo vas a ver que todo estará bien.

Sin duda, su esposo estaba ocupado con sus negocios y no tenía tiempo para hacerle más preguntas. O tal vez sintió a través de su decidida postura que era mejor no hacerle más preguntas. Ellos tenían tal respeto mutuo y amor por el otro, que ella no se atrevería a ir sin su permiso, y él era lo suficientemente cariñoso como para no presionarla para que le dijera las verdaderas razones. Tal vez él pensó que ella estaba planificando algún evento especial para él, o que estaba haciendo algo que él apreciaría y entendería después. De cualquier manera, ella no le dijo lo que iba a hacer. Ustedes ya saben cómo los esposos y las esposas se comportan a veces. Él confiaba en ella, y sintió que ella debía hacer lo que tenía en su corazón. Observen que la fe de ella es obvia para nosotros porque ella la expresó en sus propias palabras: “Todo estará bien”.

Versículo 24. “Después hizo enalbardar una borrica, y dijo al criado: ‘Guía y anda. No me detengas por el camino, sino cuando te diga’”.

Y se fueron al Monte Carmelo. ¿Por qué estaba Eliseo en el Monte Carmelo? Eliseo estaba ministrando en una de las escuelas de los profetas que había allí. No estaba muy lejos de Sunem. Él iba ahí a menudo y ella sabía que él estaba ahí ahora.

Versículos 25-26. “Partió, pues, y fue al varón de Dios al monte Carmelo. Cuando el varón de Dios la vio de lejos, dijo a su criado Giezi: ‘Ahí viene la sunamita. Te ruego que vayas corriendo a recibirla, y dile: ¿Está todo bien contigo? ¿Está todo bien con tu marido? ¿Está todo bien con tu hijo?’ Ella respondió: ‘Está bien’.

A muchas personas les parece que esta mujer le mintió a Giezi. Después de todo, su hijo estaba muerto. Pero ella dijo que estaba todo bien con ella, y con su esposo y con el hijo. Ella le había dicho a su esposo básicamente la misma cosa. Esto no era una mentira. Ella creía verdaderamente que todo estaría bien si conseguía llegar al profeta. Ella se había aferrado firmemente a la fe, como si la resurrección de su hijo ya fuese un hecho. Y amigos, esa es la verdadera manera en que se comporta la fe. Dios nos da una promesa y nosotros la aceptamos como un hecho, aun cuando no podamos verla ahora mismo. Ella le dijo a Giezi que todo estaba bien, implicando que en su corazón ella confiaba en Dios para que le restaurara a su hijo. Giezi no era, de todas maneras, el hombre al cual había venido a ver. Así, ella lo dejó a un lado dándole una vaga respuesta como esta. Su fe en el profeta de Dios era muy grande. Si el profeta actuaba rápidamente, su hijo viviría.

A Dios le gustaría que todo Su pueblo en los últimos días estuviese lleno de fe en el profeta. Trágicamente hoy, la fe en el profeta está faltando seriamente. Hasta existe un decidido abandono de las palabras del profeta, casi una celosa resistencia en muchos lugares, y un deseo de justificar las cosas que el profeta nos ha advertido de no hacer. Muchos se han alejado del profeta del Señor. Y esto hace que la iglesia languidezca. Cuánto habría podido hacer el Señor por Su pueblo si éste hubiese actuado con fe con respecto a las palabras e instrucciones del profeta en cuanto a lo que no tenemos que hacer.

Y las consecuencias son muy serias. Cuando rechazamos al profeta, estamos rechazando al Espíritu Santo. Cuando rechazamos el Espíritu Santo, le damos la espalda a Dios, y Él no puede bendecirnos con la lluvia tardía. ¿Cómo es que vamos a navegar en las únicas y difíciles circunstancias de nuestros tiempos, si no tenemos el Espíritu Santo para que nos guíe? ¿Cómo podemos tener el poder que Dios nos ha prometido si descuidamos el conocer y entender las edificantes instrucciones de los profetas de Dios? Oh, mis amigos. No nos olvidemos nunca que estamos viviendo en un tiempo de gran importancia. Estamos en el momento más crucial de la historia. Necesitamos la sabiduría y la guía del profeta como nunca antes. Una falta de fe en el profeta indica rebelión al Señor. Y es la última marca profética antes del tiempo de angustia. Escuchen esto del Tomo 1 Mensajes Selectos pág.55:

“Se encenderá un odio satánico contra los testimonios. La obra de Satanás será perturbar la fe de las iglesias en ellos por esta razón: Satanás no puede disponer de una senda tan clara para introducir sus engaños y atar a las almas con sus errores si se obedecen las amonestaciones y reproches del Espíritu de Dios (Carta 40, 1890)”.

Y esta otra del Tomo 1 Mensajes Selectos pág.54-55: “Precisamente, el último engaño de Satanás se hará para que no tenga efecto el testimonio del Espíritu de Dios. ‘Sin profecía el pueblo será disipado’ (Prov. 29:18, versión Valera antigua). Satanás trabajará hábilmente en diferentes formas y mediante diferentes instrumentos para perturbar la confianza del pueblo remanente de Dios en el testimonio verdadero (Carta 12, 1890)”.

La fe de la mujer Sunamita estaba basada en la razón, no en las emociones. ¿Por qué habría Dios de darle un hijo para después quitárselo? Eso no tenía sentido para ella. Ella pensó que si conseguía hablar con Eliseo, él sabría qué hacer. Así que se apresuró e hizo que el asno anduviese tan rápido como pudiera, y llegó al Monte Carmelo. Ella subió el monte, presionando siempre a su siervo y al obediente asno, hasta que llegó a la presencia de Eliseo. Se bajó del animal y se puso de rodillas y se aferró de sus pies. Por primera vez ahora revelaba su congoja y pesar. Le suplicó al profeta que la ayudara. Obviamente, esta buena mujer sabía cómo controlar las emociones de su corazón. Ahora derramó su alma a los pies del profeta.

Giezi pensó que estaba un poco loca y se adelantó para “alejarla”. Pero Eliseo le dijo: “Déjala sola; porque su alma está molesta dentro de ella: y el Señor la ha escondido de mí, y no me lo ha dicho”.

Dios no siempre les dice a sus profetas todo lo que necesitarían saber o que les gustaría saber. Algunas veces, él les permite saberlo por otros medios. Después de todo, la mujer estaba casi lista para contarle su pena y pedirle que la ayude.

Observen lo que le dijo al profeta. Versículo 28. “¿Pedí yo hijo a mi señor? ¿No dije yo, que no te burlaras de mí?” En otras palabras, ella no había pedido un hijo. Ella estaba contenta sin el hijo. Pero fue Eliseo, el profeta, el que le prometió un hijo. Ella ya se había acostumbrado al pensamiento que no iba a tener hijos. Y la palabra del Señor vino sobre ella y tuvo un hijo. Ella no suplicó por un hijo como lo hizo Raquel. Raquel le dijo a Isaac: “Dame un hijo o moriré”. Ella no lloró por un hijo como Ana. Su hijo no era el resultado de su propósito, sino que era el propósito del profeta. Dios le dio un hijo a ella sin que ella lo hubiese solicitado. Ahora el hijo se había ido. ¿Cómo podía ser esto?

La mujer había estado completamente dependiente de la palabra del profeta, en cuanto a la promesa, y ahora estaba completamente dependiente de las acciones del profeta para resolver el problema. Pero su fe no abandonaría la idea de que Dios se propuso darle un hijo, y ahora que Él estaba probando su fe, ella no estaba dispuesta a abandonar a Dios en esta severa prueba.

Eliseo entendió que algo terriblemente malo había sucedido. Él le ordenó a Giezi en el versículo 29: “Cíñete, toma mi bordón en tu mano, y ve. Si alguno te encuentra, no lo saludes; si alguno te saluda, no le respondas. Y pon mi bordón sobre el rostro del niño”.

Pero esto no fue suficiente para esta mujer. Ella quería que Eliseo fuese a su hogar para encargarse del tema. Tal vez ella no confiaba en Giezi. Tal vez pensó que nadie podría hacer algo, a no ser el mismo profeta. Tal vez Eliseo quería probar un poco su fe, y entendió su carga de una forma más completa. Cualquiera que haya sido el caso, ella no estaba contenta con esta solución. Le parecía algo inapropiado. Ella solo quería que el profeta del Señor le ministrara a su hijo. Después de todo, el niño estaba acostado en la misma cama del profeta.

La mujer le dijo a Eliseo en el versículo 30. “Así como vive el Señor, y así como vive tu alma, yo no te dejaré. Y él se levantó y la siguió”.

Ella no tenía mucha confianza en los demás. Ella no era supersticiosa. Ella sabía que la única manera en que su hijo podía ser restaurado era a través de las sinceras oraciones del profeta. Después de todo, no había nada que pudiese impedir que el profeta fuese a su hogar.

Giezi hizo lo que se le ordenó y fue adelante y colocó el bordón sobre el niño. Pero el versículo 31 dice: “Pero ni tenía voz ni sentido. Así Giezi volvió a Eliseo, y le declaró: ‘El niño no despierta’”.

Esto confirmó la intuición de la mujer de que necesitaba la presencia del profeta para que se hiciera cargo de la situación. El niño no despertaba. Esto también la animó, porque indicaba que iba a ser resucitado. También podía ser que Dios no hiciese ningún milagro a través de Giezi, porque Él quería fortalecer la fe en Su profeta. Si un milagro tan poderoso como este iba a ser hecho, Eliseo tenía que hacerse responsable de la situación. Él no quería que las personas tuviesen la impresión que el poder de Dios es trivial, como algunos ministros lo tratan, o que se puede ordenar y guiar tan solo con la voluntad y las señas de la voluntad humana. Esto solo produce una especie de gloria empañada para el agente humano, lo cual ofende a Dios y obra en contra de Sus intenciones.

Piensen en esto. Muchas personas hoy son como ese niño muerto. Ustedes pueden colocar la palabra frente a sus rostros como Giezi lo hizo, pero ni aun así despiertan. No consiguen entender la palabra. No hay ni voz ni sentido. Están como muertos. Nadie puede cambiar el corazón. Solamente Cristo. El agente humano trae la palabra, pero es Cristo el que anima el corazón y lo cambia de un corazón de piedra en un corazón espiritual. Él le da poder a la palabra. La letra, por sí misma, mata; es el Espíritu, unido con la palabra, el que trae vida. Los huesos secos no responden meramente al profesar. Tiene que existir el hálito de vida del Espíritu de Dios, el cual tiene que entrar en él para que exista vida. Véase Ezequiel 37:4-5.

Versículos 32-33. “Cuando Eliseo llegó a la casa, vio al niño tendido y muerto sobre su cama. Entonces él cerró la puerta, y oró al Eterno”.

¿Observaron que ni siquiera Giezi estaba en el cuarto con Eliseo y el niño? Él quiso que no hubiese ninguna confusión sobre lo que Dios iba a hacer. Ni tampoco quiso que nadie viese lo que él iba a hacer bajo el poder de Dios. Giezi no había tenido éxito al colocar el bordón sobre el niño para resucitarlo. Esta era una razón suficiente para dejar a Giezi fuera de este milagro. Tal vez su falta de fe impediría que el Señor obrase y Eliseo no podía arriesgarse a eso.

Eliseo tenía la costumbre de orar. Era un hombre de oración, al igual que su predecesor Elías. Nadie puede ver la mano de Dios, sin oración. Eliseo necesitaba un milagro ahora. Así que oró sinceramente, tal como había visto orar a Elías.

Amigos, no podemos vivir sin orar. Tenemos que convertirnos en hombres y mujeres de oración, si es que vamos a obtener la victoria sobre el enemigo. Especialmente en estos últimos días, tenemos que orar sinceramente para que nuestros pecados puedan ser perdonados y vencidos. Ni tampoco nuestros hijos pueden vivir sin nuestra oración intercesora por ellos. Así como este niño estaba muerto, así muchos de nuestros hijos sufren con las consecuencias del pecado.

Eliseo hizo lo que sabía que Elías había hecho. Él había escuchado la historia muchas veces. ¿Pero respondería ahora Dios su oración? Él le suplicó a Dios que reviviera al niño. El versículo 34 dice: “Después subió y se tendió sobre el niño, poniendo su boca sobre la boca de él, sus ojos sobre sus ojos, y sus manos sobre las manos suyas. Así, el cuerpo del niño entró en calor”.

Por favor, piensen en esto cuidadosamente. Observen lo que hizo Eliseo. Colocó su boca en la boca del niño, como si en el nombre de Dios, él le insuflaría vida nuevamente al niño. Colocó sus ojos sobre los ojos del niño, como si quisiera devolverle nuevamente la luz al niño, y colocó sus manos sobre las manos del niño, como si quisiera darle fuerzas nuevamente. Durante todo ese intervalo, él oró fervientemente por la recuperación del niño.

Amigos, aquí hay una lección. Si ustedes quieren ganar almas, y si quieren que ellas obtengan la vida eterna, tienen que acercarse mucho a ellas. No podemos ganar almas sin un trabajo personal por ellas, y tenemos que estar en un contacto muy cercano. El Espíritu de Dios desea alcanzarlas a través de ustedes y de mí. Acérquense a ellas, entren en sus sufrimientos y minístrenles sus necesidades. Las almas muertas jamás van a revivir a menos que sean calentadas por vuestro propio interés y amor personal por ellas.

Aun después de estos primeros esfuerzos, el niño no revivió. Solo su cuerpo se calentó. Eliseo volvió a la parte principal de la casa y “allí caminó de un lado al otro…”. Sin duda estaba orando sinceramente para que Dios le restaure la vida al niño y le restaure la alegría a la familia. Después volvió a subir por segunda vez: “De nuevo se tendió sobre él. Y el joven estornudó siete veces, y abrió sus ojos”.

He aquí una lección importante, mis amigos. Los médicos misioneros tienen que orar. Pero Dios no siempre responde sus oraciones la primera vez. Tienen que ser persistentes. No tienen que desanimarse. Recuerden eso.

Eliseo puede haber entendido que había cometido un error al enviar a Giezi delante de él con su bordón. No logró ningún resultado por el niño. Y ahora sintió la pesada carga de responsabilidad sobre él debido a este pobre niño muerto, y también la de la madre y la del padre. Él le suplicó sinceramente a Dios para que lo escuchara y le respondiera su oración.

¿Ustedes creen que debemos ser persistentes en la oración? ¿Por qué Dios no nos responde la primera vez que le pedimos? Es porque Dios quiere que nosotros realmente queramos lo que le estamos pidiendo. Y mientras más oramos por eso, más sinceramente deseamos la respuesta de nuestra oración. Y mientras más sinceramente deseamos la respuesta a nuestra oración, más cercanos estamos del cielo cuando Él finalmente nos responde. Tenemos que desear la bendición del Señor. Él quiere fortalecer nuestra fe a través de nuestras oraciones y sinceras súplicas de ayuda.

No existe ninguna falta de deseo por parte de Dios para responder nuestras oraciones, sino que Dios está desarrollando dentro de nosotros, una montaña de fe y de confianza en Dios, a través de la oración. Eliseo es un ejemplo para nosotros en los últimos días respecto al tipo de oración que necesitamos. Él había aprendido de Elías cómo orar sinceramente, persistentemente y apasionadamente. Nosotros también, debemos aprender cómo orar por la intercesión del Espíritu Santo en nuestras vidas y ministerios diarios para el Señor.

Eliseo había sido animado por el hecho que el cuerpo del niño se calentó después que él estuvo con él la primera vez. Así, después de un tiempo, él volvió a subir la escalera hasta esta pequeña pieza y se estiró nuevamente sobre el niño, tal como lo había hecho antes, y aun le estaba suplicando a Dios para que lo reviviera y lo restaure a su familia. Esta vez el “el joven estornudó siete veces, y abrió sus ojos”.

Amigos, los médicos misioneros a menudo ven un progreso al comienzo. El “cuerpo comienza a calentarse”, por decirlo así, y ellos redoblan sus esfuerzos hasta que finalmente consiguen la sanación. Esto funciona de la misma manera espiritualmente. Al comienzo existe un pequeño interés. Entonces, a medida que se aplica más oración sincera y esfuerzo, el alma eventualmente se rinde a Cristo. No desistan la primera vez, mis amigos.

¿Qué es lo que ustedes creen que estaba haciendo la mujer Sunamita mientras Eliseo estaba con su hijo? ¿Creen que estaba orando por un milagro? Yo creo que sí. Cuando Eliseo bajó la primera vez, ella, sin duda, le preguntó sinceramente lo que había sucedido. Él seguramente le explicó que su cuerpo se había calentado, pero que no había sido reavivado. Ella redobló sus esfuerzos de oración mientras Eliseo volvió a subir la escalera para volver a orar, y se estiró nuevamente sobre el niño.

Cuando el niño revivió, Eliseo “llamó a Giezi”, versículo 36, “llama a la sunamita”. Él la llamó, y al entrar ella, él le dijo: ‘Toma a tu hijo’”.

La alegría de la mujer Sunamita no tenía límites. El drama en su casa aquel día, comenzó angustiante, pero al final, su corazón estaba contento.

El versículo 37 dice: “Al entrar, ella se echó a sus pies y se inclinó a tierra. Después, tomó a su hijo, y salió”.

Amigos, yo no sé lo que ustedes piensan, pero si esto le sucede a mi hijo, estoy seguro que me sentiría de la misma manera. La mujer ahora podía entender algo de lo que significa perder a un hijo, la separación, la soledad, el dolor. Dios también pasaría por esta misma experiencia de una manera mucho más infinita, al enviar a Cristo para que muriera por los perdidos. Pero, Él resucitaría a la vida. Él resucitaría de la muerte espiritual a la vida espiritual. Y todo estaría bien, tal como la mujer había dicho. Ahora ella entendió algo acerca del amor de Dios por los perdidos. Su fe estaba firme en Dios, y Él la recompensó por eso.

Pero la historia no termina aquí. Pasaron algunos años. Dios tuvo que lidiar con la continua impiedad de Israel durante el tiempo de Eliseo. Él trajo a sus enemigos para que los atormentaran. Pero Israel permaneció atrincherado en la adoración de los dioses de la naturaleza. Durante todo ese tiempo, Eliseo permaneció fiel al Señor y se mantuvo llevando a cabo la obra de educar a los hijos de los profetas en las escuelas de los profetas. Él advirtió fielmente al pueblo sobre los juicios de Dios sobre la tierra, como resultado de su apostasía.

Pero un día, Eliseo pasó por el pequeño hogar de Sunem. Allí tuvo el gran placer de ser su huésped. Ellos se alegraron en verlo, y les gustó escuchar sus palabras animadoras sobre la preocupación y el interés espiritual. Sin duda, que el joven le ayudó a acomodarse en su pequeña “pieza de profeta” arriba en el segundo piso. Pero algo estaba diferente. Eliseo parecía estar preocupado y perturbado. ¿Por qué sería? Su rostro presentía algo y estaba serio.

Eliseo había venido a propósito para darles advertencias e instrucciones. La continua impiedad de Israel, aun después de la confrontación con Elías en el Monte Carmelo, no había operado la reforma que era necesaria. Así, Dios le había dicho a Eliseo que iba a traer otra hambruna sobre la tierra, y esta iba a ser más larga. La fiel tierra de Canaán sería nuevamente “convertida en tierra estéril, por la maldad de sus habitantes”. Salmos 107:34. Si un juicio sazonado con misericordia no conduce a Su pueblo al arrepentimiento, Dios va a enviar otro. Si ese juicio no convierte sus corazones de vuelta a Dios, Él va a enviar aun otro. Cada acción sucesiva, viene con menos misericordia y dura más tiempo. Si Su pueblo persiste en andar de forma contraria a Su voluntad, Él calienta aun más el horno.

Esta hambruna no iba a durar solo tres años, como sucedió en el tiempo de Acab. Esta vez iba a durar siete años. Eliseo sintió que tenía que advertirle a esta familia que había sido tan cariñosa con él, y a quienes Dios había manifestado una misericordia tan evidente. Sucede que nunca más se escuchó hablar de su marido, así que podemos entender que tal vez él había muerto.

Como esta familia no iba a ser alimentada a través de un milagro, como sucedió con la viuda de Sarepta, Eliseo le advirtió que la hambruna ya venía y que ella debería tomar medidas por sí misma para enfrentarla. Ella era rica y tenía recursos como para sostenerse por sí misma. Así, tal vez mientras ellos estaban sentados a la mesa durante aquella tarde, Eliseo le contó la noticia. Leemos en 2ª Reyes, capítulo 8:1. “Levántate y vete con tu familia a vivir donde puedas, porque el Eterno ha llamado el hambre sobre el país durante siete años”.

Eliseo quería proteger a esta mujer y a su hijo de lo que venía sobre la nación. Cuando vemos venir un mal, como ciertamente lo estamos viendo en estos últimos días, tenemos que actuar para escondernos de eso, de tal manera que podamos sobrevivir a ese mal y después prosperar. Eso significa que ustedes pondrán sus vidas en armonía con el consejo del profeta del Señor.

Y aquí hay algo más, mis amigos, aquellos que le están prestando atención al profeta reciben la advertencia, no aquellos que lo ignoran o le dan la espalda al profeta. No sabemos que Eliseo haya advertido a otros, fuera de la familia Sunamita.

El versículo 2 dice: “Entonces la mujer se levantó, e hizo como el varón de Dios le dijo. Se fue con su familia, y vivió en tierra de los filisteos siete años”.

Aparentemente, ella encontró algún lugar confortable para vivir durante la hambruna. Esta era una nación pagana, pero le propició la oportunidad de alejarse de la hambruna y de sus rigores. Los Filisteos habían estado sojuzgados por Israel durante el tiempo de David, como ustedes deben recordar, pero no habían sido extirpados. Y ahora estuvieron dispuestos a tener a esta mujer con ellos.

Aparentemente, la hambruna solo sucedió en el país de Israel, mientras que las otras naciones alrededor tenían suficiente alimento. Esto nos muestra que fue la mano de Dios la que trajo el hambre. Esto también era verdad con respecto a las plagas que Dios trajo sobre Egipto durante el tiempo de Moisés y Aarón. Las plagas hicieron distinción entre los Egipcios y los Israelitas.

Tengan en mente que Dios no juzga tan fuertemente a aquellos que no le conocen, como los que sí lo conocen. Los pecados de Israel eran mucho más provocadores para Dios que los pecados de otras naciones. Otros países tenían lluvia, mientras que ellos no la tenían. Otras naciones estaban libres de langostas y de orugas, mientras que Israel estaba lleno de ellas.

Cuando la hambruna terminó, esta mujer volvió a Sunem. Ella encontró que su propiedad había sido tomada por otra persona. Ella tuvo que abandonar el país de los Filisteos, porque no podía guardar las lunas nuevas ni los Sábados como acostumbraba hacerlo en Israel cuando vivía cerca de las escuelas de los profetas. Sin duda que Israel no las había estado guardando, debido a su apostasía. Pero, en los estados Filisteos no había nadie que las organizara ni las condujera.

Al volver descubrió que otros ocupaban su hogar. O había sido confiscado por el tesoro público y había sido distribuida de nuevo por orden del rey, o fue usurpada en su ausencia por alguno de sus vecinos. Tal vez la persona la dejó a cargo de alguien, mientras ella se había ido, y esa persona no fue fiel y se rehusó devolvérsela a ella.

Así, ella apeló al rey. Ese era su único recurso. Leamos el versículo 3. “Cuando pasaron los siete años, la mujer volvió de la tierra de los filisteos, y fue a ver al rey para reclamar su casa y sus tierras”.

Ella viajó hasta Samaria. Cuando llegó al palacio del rey, encontró a Giezi hablando con él. El rey le había hecho a Giezi una pregunta muy interesante. El versículo 4 dice: “El rey había dicho a Giezi, criado del varón de Dios: ‘Te ruego que me cuentes todas las maravillas que ha hecho Eliseo’”.

Aparentemente, él no estaba muy al tanto de las cosas de Eliseo, como debiera haberlo estado, y Giezi estaba justamente ahí. Así, el rey le preguntó sobre los milagros de Eliseo.

El versículo 5 dice: “En el momento en que Giezi contaba al rey cómo Eliseo había restaurado la vida a un muerto, llegó la mujer, a cuyo hijo había resucitado, para reclamar su casa y sus tierras. Entonces Giezi exclamó: ‘¡Rey, señor mío! Esta es la mujer, y éste es su hijo, que Eliseo resucitó’”.

Piensen en esto. Giezi ya no está trabajando para Eliseo. Él era un leproso. Ustedes deben recordar que la lepra de Naamán vino sobre él debido a su codicia y avaricia. El rey impío debiera haber sabido los milagros de Eliseo, pero debido a que le había dado las espaldas a Dios, la obra de Eliseo le era desconocida. Ahora que la hambruna había terminado, él estaba más dispuesto a aprender lo que el profeta había hecho.

No estaba prohibido hablarle a los leprosos, pero no se podía vivir con ellos o estar a su alrededor. Como no había sacerdotes en el país, el rey había dispuesto a otros para que los inspeccionaran. Tal vez fue así que se puso en contacto con Giezi. Así, Giezi le explicó la obra de Eliseo.

Observen los tiempos. Justo cuando Giezi le estaba contando al rey sobre la resurrección del niño, su madre y el joven llegaron a suplicarle por su terreno. ¿No es maravillosa la forma de obrar de Dios con respecto al tiempo? ¿Cuán a menudo ustedes han tenido experiencias como esta? Fue providencial que esto sucediera de esta manera. Sin el tiempo adecuado, y la historia sazonada con el milagro, la mujer no habría podido obtener de nuevo su propiedad.

El relato de Giezi hizo que el rey estuviera listo para creer la historia y para garantizarle a la mujer su pedido. El hecho que la mujer apareciera justo en ese momento, le dio al rey la oportunidad que hablara por sí misma. Si el rey se había apropiado de su propiedad, entonces fue muy generoso en devolvérsela nuevamente a ella. Si otra persona se había posesionado de ella, el rey actuó en justicia al devolvérsela.

Dios ciertamente cuida de Sus hijos, ¿no es verdad? Él cuida a aquellos que le son fieles y a aquellos que apoyan generosamente Su obra. Amigos, si ustedes quieren recibir las bendiciones de Dios, por favor, sacrifiquen todo en el altar perdonador de la misericordia de Dios. Demuestren un sincero interés en la obra de Dios. Que Dios pueda usarlos para apoyar a Sus mensajeros a través de vuestra hospitalidad. Extiéndanles las manos a aquellos que necesitan de vuestra ayuda. Acérquense a aquellos que están perdidos, para ayudarlos a encontrar el camino correcto.

Amigos, hay tantas lecciones que pueden ser aprendidas de la vida de Eliseo. Él fue un médico misionero, y al resucitar al niño, él mostró la última y la mayor cualidad de la obra médico misionera. En estos últimos días, cada miembro de iglesia tiene que ser un médico misionero. Cuando estamos haciendo esta obra, estamos cooperando con el cielo. Que Dios pueda bendecirlos y usarlos para ganar almas, es mi oración.

Oremos. Nuestro amante Padre celestial, en el nombre de Jesús te pedimos que nos hagas médicos misioneros. Queremos usar este método para alcanzar muchas almas. Gracias por el ejemplo de Eliseo. Su fe y oración fueron significativas. Gracias por otorgarle a Tu pueblo medios simples para ayudar a las personas que necesitan de nuestra ayuda. Que podamos ser más sinceros en la oración, más efectivos en la obra misionera, y estar más involucrados en la salvación de almas, lo pedimos en el nombre de Jesús, amén.

Pr. Hal Mayer
Keep the Faith Ministry
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