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No Hay Motivos Suficientes para Separarse de la Iglesia Católica

La antigua Oficina de la Inquisición vuelve a sus viejos trucos otra vez. El prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el cardenal Gerhard Müller, ha dicho que los católicos “no tienen razón alguna para celebrar” el comienzo de la Reforma.

El cardenal alemán dijo en un nuevo libro entrevista: “Nosotros, los católicos, no tenemos motivos para celebrar el 31 de octubre de 1517, día considerado como el inicio de la Reforma, la cual condujo a la ruptura del cristianismo occidental”.

En esa fecha, conocida como el “Día de la Reforma”, Martín Lutero envía un documento al arzobispo de Mainz y Magdeburgo en el cual protesta contra la venta de indulgencias. También publica en la puerta de la capilla en Wittenberg, un texto conocido como Las 95 Tesis de Lutero. En ese entonces Lutero no se proponía separarse de la iglesia pero las 95 Tesis finalmente lo llevaron a su excomunión en 1521.

El cardenal Müller dice en el nuevo libro: “Si estamos convencidos de que la revelación divina se conserva íntegra e inalterada a través de la Escritura y la Tradición, en la doctrina de la fe, en los sacramentos, en la constitución jerárquica de la Iglesia por derecho divino, fundada en el sacramento de las sagradas órdenes, no podemos aceptar que existan suficientes razones para separarse de la Iglesia”.

Las observaciones van a causar revuelo al llegar un año antes del 500 aniversario del Día de la Reforma. Especialmente porque han habido celebraciones y conmemoraciones extensas en Alemania y en otros lugares.

El Papa Francisco viajó a Suecia en octubre de 2017 para una conmemoración ecuménica, junto con representantes de la Federación Luterana Mundial y otras denominaciones.

El cardenal notó que los campeones de la Reforma enmarcaron al Papa como el Anticristo a fin de poder “justificar la separación” de la Iglesia Católica. Esta tergiversación de sus motivos es contraria a los hechos. Los luteranos se separaron de la iglesia porque vieron que el Papa era el Anticristo.

Citando el documento del Vaticano II, Dei Verbum, agregó: “Una protestantización de la Iglesia Católica sobre la base de una visión secular sin referencia a la trascendencia no solo no puede reconciliarnos con los protestantes, sino que también no puede permitir un encuentro con el misterio de Cristo, porque en Él somos depositarios de una revelación sobrenatural a la que todos debemos la total obediencia del intelecto y la voluntad”.

En otras palabras, él está colocando la autoridad de la iglesia por encima de la autoridad de la Biblia. También expresa que no hay forma de que la Iglesia Católica pueda convertirse en protestante, lo cual él considera como relativismo. Sin embargo, el protestantismo se basa en la autoridad absoluta de la Biblia, un modelo en realidad muy diferente al catolicismo romano.

El año pasado, el cardenal dijo que en los debates sobre el matrimonio y los sacramentos, los pastores deben “estar muy atentos y no olvidar las lecciones de la historia de la iglesia”. Dijo que la confusión sobre la naturaleza sacramental del matrimonio podría conducir a divisiones similares a las del Reforma.

Si bien eso no es probable, la Iglesia Católica sigue comprometida con la unidad de la autoridad del Papa y la jerarquía como la base de una conexión con Cristo y la salvación. Roma nunca cambia.

“La Iglesia Católica le pone actualmente al mundo una cara apacible, y presenta disculpas por sus horribles crueldades. Se ha puesto vestiduras como las de Cristo; pero en realidad no ha cambiado. Todos los principios formulados por el papismo en edades pasadas subsisten en nuestros días. Las doctrinas inventadas en los siglos más tenebrosos siguen profesándose aún. Nadie se engañe. El papado que los protestantes están ahora tan dispuestos a honrar, es el mismo que gobernaba al mundo en tiempos de la Reforma, cuando se levantaron hombres de Dios con peligro de sus vidas para denunciar la iniquidad de él. El romanismo sostiene las mismas orgullosas pretensiones con que supo dominar sobre reyes y príncipes y arrogarse las prerrogativas de Dios. Su espíritu no es hoy menos cruel ni despótico que cuando destruía la libertad humana y mataba a los santos del Altísimo”. El Conflicto de los Siglos, pág. 627.


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